Con el desarrollo de las civilizaciones los grupos humanos tienen necesidades de mayores cosas y entre ellas se encuentran los medios de transporte. Viajar de un lugar a otro dentro de un territorio determinaría de qué manera se abastece una ciudad o un imperio. En la época prehispánica, las diversas culturas que habitaron nuestro país tuvieron como principal factor en contra del transporte de largas distancias a la geografía de la zona[1]. Lo accidentado de la geografía peruana no permitía el transporte más allá de cortas distancias, esto sumado a la inexistencia de animales que transporten carga y personas, y al desconocimiento de cualquier otra forma de transporte limitó mucho la movilidad de los grupos humanos de la época. Además, como consecuencia de esto el comercio no tenía la importancia que sí poseía en otras partes del mundo. Los pueblos prehispánicos eran autosuficientes, en especial los incas, como lo sustenta la teoría del control de pisos ecológicos; por ello, no necesitaban moverse de su sitio salvo cuando  el inca les ordenaba realizar la mita y para ello se contaba con la mejor infraestructura: los caminos del inca[2]. Estos caminos permitían que las personas se movilizasen de un lugar a otro a través de la geografía accidentada de los andes; además, contaba con los famosos “tambos” que servían de refugio a lo largo del camino. Cabe aclarar que los caminos no fueron hechos solo por los incas sino que ya estaban construidos por las anteriores civilizaciones y éstos últimos los perfeccionaron. Además, estos caminos permitieron un mayor control del territorio incaico ya que permitía un eficaz desplazamiento a lo largo del Tahuantinsuyo[3]. Sin embargo, no solo las personas se trasladaban solas sino que llevaban consigo sus pertenencias y para ello se utilizó a la llama.

 

El uso de la llama como animal de carga data desde tiempos antes de los incas. Por ejemplo, en el centro de Chan Chan, capital del imperio Chimu, se ubicaban dos terminales caravaneros, donde más de 600 individuos tenían a su cargo el transporte a lomo de llama de bienes suntuarios y de subsistencia desde y hacia la urbe[4]. Por otro lado, no solo se la usaba como animal de carga, ya que poseía una fisiología más resistente que los demás camélidos, sino que se aprovechaba su carne secada al sol como alimento y su lana para hacer prendas comunes[5]. Se decía que la riqueza de los incas se fundaba en el acceso a tres fuentes de ingresos: la fuerza de trabajo, la posesión de tierras y la ganadería estatal. Esta última supuso la crianza de camélidos que fueron de vital importancia para alimentar y vestir al imperio.

 

Por otro lado, no solo se utilizaban medios de transporte terrestre sino que también existían las llamadas balsas de totora que se empleaban en el lago Titicaca mayormente para la pesca en dicho lugar. Además, esto no solo se vio en el altiplano, también existían canoas hechas de troncos huecos de árboles que se utilizaban en la costa igualmente para la pesca o la navegación[6].

 

Bibliografía

 

 

 

 

 

 


[1] Cfr. BCRP 2010

[2] Cfr. Portal Inca 2010

[3] Cfr. Curátola 1994: 294-297

[4] Cfr. MCAP 2010

[5] Cfr. Rostworowski 1988: 251-256

[6] Cfr. Ravines 1978: 605

About these ads